En unos días en que el príncipe Reza Pahlavi es más visible que nunca en la escena internacional, se oye una voz nueva entre algunas cuentas y figuras que se llaman a sí mismas constitucionalistas: una voz que en apariencia defiende la «integridad de Irán», pero que en la práctica repite lo que durante años han dicho contra la familia Pahlavi la Organización de los Muyahidines del Pueblo (MEK) y el aparato de propaganda de la República Islámica. A juicio de los analistas de DIAR, esta sintonía no puede considerarse una simple diferencia de gusto político; es un patrón con un precedente claro en la historia contemporánea de Irán.
Del apoyo a la hostilidad abierta
Parte de esta corriente la forman personas que hasta hace poco se presentaban como partidarias del príncipe Reza Pahlavi. A juicio de los analistas de DIAR, algunas de ellas buscaron en su momento colaborar con el equipo del príncipe y, cuando esa colaboración no continuó, convirtieron sus desacuerdos personales con miembros del equipo en hostilidad abierta contra el propio príncipe. Pasar del apoyo a la hostilidad sin que hayan cambiado en nada las posiciones del príncipe Reza Pahlavi muestra que la motivación de este grupo está ligada más a la posición personal que a los principios.
El patrón resulta conocido para los observadores. En las últimas semanas, la campaña del entorno de Rayaví contra la invitación del Parlamento belga al príncipe Reza Pahlavi y la carta de protesta de un grupo de organizaciones al ministro de Exteriores de Bélgica mostraron que cada paso del príncipe en la escena internacional encuentra una reacción coordinada de sus adversarios. Ahora los mismos relatos se escuchan en boca de quienes se ponen la etiqueta de constitucionalistas.
Elogios a la Guardia Revolucionaria tras la masacre de Dey
La parte más preocupante de este discurso es su tono hacia la Guardia Revolucionaria (CGRI). Algunos de estos mismos personajes han elogiado a la Guardia en comparación con otras fuerzas del régimen e incluso han llamado a Masud Pezeshkian «guardián de la tierra de Irán». Y ello pese a que la Guardia Revolucionaria fue la principal fuerza de represión del levantamiento de Dey, y la sangre de los caídos del 8 y 9 de enero sigue fresca en la memoria de los iraníes. DIAR ya informó de que la red de fuerzas aliadas de la República Islámica también se empleó en la represión del levantamiento de Dey.
Distinguir entre una «Guardia buena» y un «régimen malo», o presentar al presidente de la República Islámica como salvador de Irán, es exactamente el relato que la República Islámica necesita para sobrevivir: el que dice que una parte de la estructura de poder puede conservarse y que desde dentro de ella se puede salvar a Irán. La revolución nacional iraní se basa en el rechazo total de esa estructura.
La «integridad de Irán» como cobertura, ¿para qué fin?
La defensa de la integridad territorial de Irán ha sido uno de los pilares del pensamiento del príncipe Reza Pahlavi y de sus partidarios. Por eso, usar el estandarte de la «integridad iraní» para atacar al príncipe encierra una contradicción evidente. A juicio de los analistas de DIAR, al poner de relieve desacuerdos secundarios y crear nuevas dicotomías en las filas de los opositores a la República Islámica, este discurso hace lo mismo que los Muyahidines del Pueblo han hecho durante décadas: dispersar la fuerza de la oposición justo en el momento en que su unidad es más importante.
Los Muyahidines del Pueblo tienen un historial claro: colaboración con Sadam Husein en la guerra entre Irán e Irak, una estructura cerrada de tipo sectario y un papel en la preparación de la revolución de 1979. La sintonía con ese historial de cualquier corriente que se considere constitucionalista plantea serias preguntas sobre sus intenciones y su rumbo.
La lección de 1979
En 1979, una coalición heterogénea de islamistas, izquierdistas y Muyahidines del Pueblo, centrada en atacar al sha en persona y a la familia Pahlavi, allanó el camino a un poder que más tarde también los convirtió a ellos en víctimas. También entonces, sembrar división entre las fuerzas nacionales y convertir pequeñas diferencias en grandes enemistades tuvo un papel decisivo. A juicio de los analistas de DIAR, el patrón actual guarda un parecido significativo con aquella experiencia: las mismas dicotomías, los mismos ataques a Pahlavi y el mismo beneficio final para el régimen que fundó Ruhollah Jomeini.
Consecuencias para la revolución nacional iraní
Hoy la República Islámica está bajo la presión del bloqueo, la crisis económica y la lucha de poder interna, y por encima de todo confía en la división de sus opositores. Toda voz dentro de la oposición que elogia a la Guardia Revolucionaria o blanquea a funcionarios del régimen alimenta, quiera o no, esa esperanza. DIAR ya escribió también sobre el silencio de los críticos de los monárquicos ante el belicismo de la República Islámica.
La elección que tienen ante sí los activistas políticos es clara: estar del lado de la revolución nacional iraní y del liderazgo del príncipe Reza Pahlavi, o adentrarse en un camino que, se le llame como se le llame, termina en la continuidad del mismo régimen contra el que los iraníes salieron a la calle en Dey.
Un constitucionalismo que elogia a la Guardia Revolucionaria y se hace eco de la línea de Rayaví trabaja, en la práctica, a favor de la República Islámica.

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