jueves, 22 de octubre de 2026
Enviar enlace

Ciro en la propaganda de la República Islámica: una herencia que el régimen negaba hasta ayer

Análisis de DIAR: la República Islámica, que despreció a Ciro y Persépolis durante cuatro décadas, se refugia ahora en los nombres antiguos en plena crisis bélica; un giro teatral y sin respaldo.

Ciro en la propaganda de la República Islámica: una herencia que el régimen negaba hasta ayer
Foto: Diego Delso, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Durante los meses de guerra con Estados Unidos e Israel, la República Islámica ha recurrido más que nunca al nombre de Irán y a los símbolos del Irán antiguo en su propaganda: desde vallas publicitarias con imágenes de reyes antiguos hasta el lema «Irán, Irán» en las concentraciones oficiales. En la valoración de los analistas de DIAR, este giro no es un regreso a la identidad nacional, sino un esfuerzo teatral de un régimen que, hasta que su supervivencia estuvo en peligro, negaba a Ciro y a Darío y se enorgullecía de las conquistas árabes.

Este análisis se publica una semana antes del 29 de octubre, Día de Ciro; un día ante el cual el historial de la República Islámica es en sí mismo la mejor medida de la sinceridad de este giro.

Cuatro décadas de hostilidad hacia el Irán preislámico

El historial de la República Islámica frente a la herencia del Irán antiguo es claro. En los primeros años tras la revolución de 1979, algunas figuras revolucionarias, entre ellas Sadegh Jaljali, juez religioso de los Tribunales Revolucionarios, pidieron la destrucción de Persépolis, y solo la reacción de la población lo impidió. Jaljali escribió que Ciro era un impostor y un criminal, y esa visión estuvo presente durante años en el discurso oficial del régimen.

La hostilidad no se limitó a las piedras. Morteza Motahari, uno de los principales ideólogos del régimen, despreció la fiesta de Chaharshanbe Suri; Ferdousí quedó durante años relegado oficialmente; y en círculos del régimen se llegó a proponer cambiar el nombre del golfo Pérsico por «golfo Islámico», un plan abandonado tras las protestas de la población.

El ejemplo más claro es el trato del régimen al Día de Ciro. En los últimos años, en vísperas del 29 de octubre, las fuerzas de seguridad han cortado la carretera de Pasargada con bloques de hormigón, han levantado barreras alrededor de la tumba de Ciro y han restringido el acceso de la gente. A finales de octubre de 2025, como en años anteriores, se cerraron los accesos a Pasargada. Un régimen que teme que la gente se reúna ante la tumba de Ciro coloca ahora imágenes de reyes antiguos en los muros de las ciudades.

El giro en los días de guerra

Las primeras señales de este giro aparecieron durante la guerra de los doce días de junio de 2025. Por orden de la oficina del líder de la República Islámica, los rapsodas oficiales hablaron de amor a Irán, se instalaron en las calles vallas con imágenes de antiguos reyes y los oradores oficiales hablaron de la «gloria de Irán». Cuando la crisis amainó, el mismo régimen volvió a cerrar la carretera de Pasargada.

En la guerra actual, la tendencia se ha intensificado. Analistas internacionales señalan que, a diferencia del pasado, la propaganda de la República Islámica se apoya en temas nacionalistas para llegar más allá de su base leal, y algunos lo ven como señal de la transición del régimen de una estructura religiosa a una militar. Al mismo tiempo, las concentraciones belicistas del régimen se celebran con imágenes de Mojtaba Jamenei: el nombre de Irán para movilizar y el símbolo de la velayat para la lealtad.

Por qué este espectáculo no funciona

En la valoración de los analistas de DIAR, al menos tres razones demuestran que este giro carece de respaldo.

Primero, el trato del régimen a los símbolos nacionales vivos. La misma República Islámica que coloca imágenes de reyes antiguos en las vallas detiene a quienes portan la bandera del León y el Sol y condena a muerte a los manifestantes del levantamiento de Dey que salieron a la calle con ese mismo símbolo. Un nacionalismo que criminaliza la bandera histórica de Irán no es nacionalismo.

Segundo, su carácter temporal. La experiencia de la guerra de los doce días demostró que este discurso se abandona en cuanto termina la crisis y vuelve la política de negación y restricción. Para el régimen, la herencia de Irán es una herramienta de crisis, no parte de su identidad.

Tercero, la conciencia de la gente. Desde hace años, los iraníes celebran el Día de Ciro reuniéndose en Pasargada con lemas en alabanza de Irán y de la monarquía; las mismas reuniones que el régimen impidió con hormigón y barreras. Un pueblo que ha visto este historial sabe distinguir entre preservar una herencia y explotarla en tiempos de crisis.

Día de Ciro: una prueba de sinceridad

El jueves 29 de octubre plantea a la República Islámica una prueba sencilla: si el régimen ha llegado de verdad a creer en la herencia de Ciro y Darío, la carretera de Pasargada debe permanecer abierta y la gente debe poder reunirse libremente ante la tumba de Ciro. Si una vez más los bloques de hormigón y las fuerzas de seguridad ocupan el lugar de la gente, también quedará claro el significado de las vallas con reyes antiguos.

Para la revolución nacional de Irán, este giro encierra otro mensaje: un régimen obligado, para sobrevivir, a refugiarse en símbolos contra los que luchó durante cuatro décadas ha aceptado que su legitimidad religiosa ya no moviliza. La identidad iraní, de Ciro al León y el Sol, está en manos del pueblo que ha pagado un precio por ella, no de un régimen que solo la recuerda en los días de peligro.

La tumba de Ciro el Grande en Pasargada, provincia de Fars, rodeada por una barrera de cristal
La tumba de Ciro el Grande en Pasargada, provincia de Fars, rodeada por una barrera de cristal

Un régimen que cierra con hormigón la carretera de Pasargada no se convierte en heredero de Ciro por colgar vallas con reyes antiguos.

0
Para comentar, inicia sesión o regístrate.

Aún no hay comentarios. Sé el primero.