Todo gran cambio político necesita dinero, y donde circula mucho dinero también existe el riesgo de abusos. La revolución nacional de Irán no es una excepción. En los meses posteriores al levantamiento del mes de Dey (diciembre-enero) y a la guerra, se han puesto en marcha numerosas campañas entre los iraníes del exterior para ayudar a los heridos, a las familias de los caídos, a los presos políticos y a medios de comunicación recién creados. Según la valoración de los analistas de DIAR, el problema central no es el dinero en sí, sino la confianza que sostiene la esperanza de los iraníes en la libertad, y que se resiente con cada campaña opaca.
Por qué la transparencia financiera es una cuestión política
Los iraníes que envían dinero para un herido del levantamiento, una familia en duelo o un proyecto mediático están, en realidad, confiando en la revolución nacional de Irán. Cuando no se aclara el destino de ese dinero, el daño no se limita al bolsillo de los donantes: se quiebra la confianza pública en todo el movimiento. Un donante que ha sido engañado una vez no ayudará la próxima vez ni siquiera al compatriota más necesitado.
Ese recelo es justamente lo que el aparato de propaganda de la República Islámica lleva años intentando fabricar: la imagen de una oposición que, según sus palabras, es «codiciosa» y «dispersa». Cada campaña sin rendición de cuentas proporciona materia prima a ese relato. Peor aún, como la mayoría de estas campañas se promocionan en nombre del príncipe Reza Pahlavi o con su imagen y su nombre, el descrédito causado por unas pocas personas se carga a la dirección de la revolución, una dirección que no tuvo ningún papel en esas campañas.
Antecedentes: los fondos que nunca respondieron
La experiencia de los últimos años demuestra que esta preocupación no carece de fundamento. En distintos momentos, fondos creados en internet para apoyar huelgas, poner en marcha un canal de televisión o ayudar a los damnificados recaudaron dinero y después no se publicó un informe claro de gastos, o bien sus responsables acabaron enfrentados por el dinero. Cada vez, lo que quedó fue la duda del público, no el canal de televisión ni la ayuda prometida.
Otro aspecto es el pasado político de quienes dirigen las campañas. Quien recauda dinero entre los iraníes debe dejar claro dónde estuvo en el pasado, con qué grupos ha trabajado y con quién colabora hoy. La revolución nacional de Irán tiene límites claros: los vínculos con la organización Muyahidines del Pueblo (MEK) o con grupos separatistas son incompatibles con el ideal de un Irán libre, unido y democrático, y los iraníes tienen derecho a conocer esos vínculos antes de dar su ayuda. Hace poco, las habladurías sobre una supuesta discordia en el campo del príncipe Reza Pahlavi mostraron cómo cualquier ambigüedad se convierte en un arma contra la revolución.
Criterios para una ayuda informada
Según la valoración de DIAR, unos pocos criterios sencillos pueden proteger a los donantes de los abusos:
- Entidad registrada: ayudar a una organización inscrita como entidad benéfica o sin ánimo de lucro en un país democrático, con cuentas sujetas a la ley, es mucho más seguro que ayudar a una cuenta personal.
- Informe de gastos: la campaña debe decir antes de empezar en qué se gastará el dinero y, al terminar, publicar el informe de gastos y los recibos.
- Tope y final claros: una campaña que recauda varias veces el objetivo anunciado y sigue abierta debe explicar adónde va el excedente.
- Trayectoria de los responsables: el historial político y profesional de quienes gestionan el dinero, incluida su colaboración pasada con medios del régimen o con grupos contrarios a la integridad de Irán, debe estar claro para los donantes.
- Verificación independiente: las afirmaciones de haber hecho llegar ayuda al interior de Irán deben poder comprobarse, en la medida en que la seguridad de los receptores lo permita.

La confianza, el capital de la revolución
En los últimos meses la revolución nacional de Irán ha obtenido un amplio apoyo: desde el respaldo de miles de médicos y presos políticos al príncipe Reza Pahlavi hasta las grandes concentraciones de iraníes en ciudades de todo el mundo. Este capital social es el activo más valioso del movimiento y no debe sacrificarse a campañas opacas.
Preguntar por el destino del dinero no es hostilidad hacia la ayuda ni fomento de la división; forma parte de la misma cultura de rendición de cuentas por la que los iraníes luchan frente a la República Islámica. Un movimiento que promete el Irán del mañana sobre la base de la ley y la transparencia debe respetar hoy esos mismos criterios en su seno. Quien recauda dinero en nombre de la revolución debe estar preparado para rendir cuentas de ello.
La transparencia financiera en las campañas de ayuda es la condición para conservar la confianza de los iraníes en la revolución nacional, y cualquier ambigüedad solo beneficia a la República Islámica.

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