La República Islámica ejecutó al amanecer del lunes 5 de octubre de 2026 en la prisión central de Isfahán (Dastgerd) a Alireza Sepahi y Alireza Raeisi, dos de los detenidos durante el levantamiento de enero en Isfahán. La agencia Mizan, vinculada al poder judicial, anunció la ejecución de las sentencias. Las ejecuciones se produjeron pocas horas después de que la oficina del príncipe Reza Pahlavi alertara de la inminente ejecución de los dos jóvenes y pidiera a los gobiernos y a los organismos de derechos humanos que actuaran de inmediato.
Según Reuters, que cita a Mizan, entre los cargos contra ambos figuraban la «pertenencia a un grupo rebelde armado», moharebeh (guerra contra Dios) y «corrupción en la tierra», y el poder judicial los acusó de participar en la muerte de cuatro agentes de policía durante las protestas de Isfahán. El Tribunal Supremo había confirmado previamente sus condenas a muerte. Según Iran International, Alireza Raeisi tenía 21 años y Alireza Sepahi 24, y con su ejecución el número de ejecutados en este caso asciende a siete.
Impiden el entierro en su localidad natal
Fuentes cercanas a las familias de los dos jóvenes ejecutados dijeron a Iran International que las fuerzas del Gobierno no permitieron que fueran enterrados en su lugar de residencia. Según estas fuentes, el cuerpo de Alireza Raeisi fue enterrado en Natanz y el de Alireza Sepahi en Kashán.
La ejecución de Alireza Sepahi ya se había suspendido una vez; sufrió un infarto antes de la fecha anunciada para su ejecución y fue trasladado al hospital. Según HRANA, el domingo 4 de octubre, un día antes de su ejecución, Sepahi se había casado por teléfono desde la prisión con Mahshad Keshani, una estudiante presa. Según Human Rights Watch, al menos 12 acusados del caso de la «plaza Alikhani» se han enfrentado a condenas a muerte.
Reacciones
Según la Voz de América, Mai Sato, relatora especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Irán, expresó su grave preocupación por el incumplimiento de las normas de un juicio justo en este caso y por las denuncias de tortura contra Sepahi y miembros de su familia.
Tras las ejecuciones, la oficina del príncipe Reza Pahlavi declaró en X que estos asesinatos de Estado no quedarán sin respuesta y que todos sus responsables rendirán cuentas. La premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi calificó también de profundamente estremecedora la ejecución de los dos jóvenes y aludió a la boda de Sepahi en vísperas de su ejecución. El Ministerio de Exteriores de Israel, en su cuenta en persa, calificó a la República Islámica de enemiga del pueblo iraní.
Las organizaciones de derechos humanos afirman que las ejecuciones vinculadas al levantamiento de enero se llevan a cabo tras juicios apresurados, con un acceso limitado a abogados y sobre la base de confesiones forzadas. Las dos ejecuciones se produjeron dos días después de la de Siavash Jamshidi, manifestante detenido en Shahrekord.
Con la ejecución de Sepahi y Raeisi, la República Islámica eleva a siete el número de ejecutados en el caso de la «plaza Alikhani» de Isfahán.

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