Los ataques con drones y misiles de la República Islámica y de sus grupos aliados contra instalaciones de agua, electricidad y energía de los países ribereños del Golfo Pérsico desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, fueron deliberados y se ejecutaron con una precisión que desmiente el relato oficial de la «caída de esquirlas de misiles interceptados». Es la conclusión de una amplia investigación de la agencia Reuters, publicada el jueves 15 de octubre de 2026.
Según la investigación, se han registrado al menos 135 ataques con drones y misiles contra al menos 84 emplazamientos de infraestructura en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Catar, Kuwait, Omán y Baréin, desde desaladoras y centrales eléctricas hasta refinerías, aeropuertos e incluso una central nuclear. Reuters llegó a estas conclusiones a partir de 36 entrevistas, imágenes y datos satelitales. Los gobiernos de la región habían atribuido los daños a esquirlas de interceptores en al menos 34 comunicados, pero 14 expertos que examinaron las imágenes, entre ellos 11 de las industrias afectadas, consideraron esa explicación muy improbable y señalaron indicios de explosiones deliberadas y la importancia de los objetivos.
Las desaladoras de Kuwait y la central nuclear de Baraka
Kuwait obtiene cerca del 90 % de su agua potable de desaladoras, la mayoría conectadas a centrales eléctricas costeras. Según lo hallado por Reuters, al menos cuatro de las ocho centrales combinadas de electricidad y desalación del país fueron atacadas entre el 2 de marzo y el 20 de julio, algunas más de una vez. Michael Christopher Low, director del Centro de Oriente Medio de la Universidad de Utah, ha advertido de que atacar una parte suficiente de esta capacidad podría dejar a Kuwait sin agua en cuestión de días o semanas.
En los Emiratos, un dron impactó el 17 de mayo en una subestación eléctrica situada a unos 130 metros de uno de los reactores de la central nuclear de Baraka y, según el Organismo Internacional de Energía Atómica, uno de los cuatro reactores pasó a depender de generadores diésel de emergencia. Rafael Grossi, director general del organismo, dijo que quien estuviera detrás del ataque sabía exactamente lo que hacía. El puerto petrolero de Fuyaira fue además atacado al menos 19 veces.

Las refinerías saudíes y el gas de Catar
Según la investigación, cinco de las nueve grandes refinerías de Arabia Saudí resultaron dañadas y su producción cayó de más de 10 millones de barriles diarios a menos de 7 millones. El ataque del 10 de septiembre contra las estaciones de bombeo del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí detuvo el flujo de crudo hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, tres días después de que Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento de la República Islámica, escribiera en X que la cadena de producción de petróleo y gas de la región es extensa, accesible y vulnerable. En Catar, dos unidades de refrigeración en Ras Laffan, desde donde se exporta casi una quinta parte del gas licuado del mundo, quedaron fuera de servicio y, según QatarEnergy, su reparación llevará de tres a cinco años. Sultán Al Jaber, director ejecutivo de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi, ha dicho que todos los objetivos eran civiles.
Estos hallazgos concuerdan con los reportajes anteriores de DIAR sobre los ataques de los hutíes, aliados de la República Islámica, contra Arabia Saudí y el hundimiento de buques en el estrecho de Ormuz, y muestran que la República Islámica atacó a sabiendas infraestructuras civiles vitales de la región, algo que los Convenios de Ginebra prohíben respecto de las instalaciones esenciales para la supervivencia de la población civil.
Al menos 135 ataques contra 84 emplazamientos de infraestructura en siete países de la región; el objetivo era dañar la vida de los civiles.

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