En los últimos meses, una parte de los activistas, medios y cuentas en redes sociales que se presentan como defensores de la «patria» y de la «integridad de Irán» acusaron repetidamente a los iraníes en el extranjero, y en especial a los partidarios del príncipe Reza Pahlavi, de belicismo. Ahora que la República Islámica habla abiertamente de una nueva guerra y la impulsa en la calle y en su doctrina militar, esas mismas voces están casi calladas. Según la valoración de los analistas de DIAR, este silencio demuestra que su criterio no era la oposición a la guerra, sino la oposición a la revolución nacional de Irán.
Belicismo en la calle, con el respaldo del régimen
Desde los primeros días de la guerra de febrero y marzo de 2026, los partidarios del régimen organizaron concentraciones nocturnas en plazas de Teherán y de otras ciudades. Estas concentraciones se convirtieron poco a poco en una plataforma contra cualquier acuerdo con Estados Unidos; los participantes portaban pancartas que llamaban a la batalla y a la venganza y alzaban imágenes de Mojtaba Jamenei. Un gobierno que responde con balas a la más pequeña reunión de manifestantes permitió estas aglomeraciones y llevó sus rostros a la televisión estatal.
Estas concentraciones no son espontáneas. En octubre, según vecinos de Arak, las autoridades de la provincia de Markazí amenazaron a los barrenderos municipales para que acudieran a una concentración oficialista. El coste de esta puesta en escena lo pagan el sistema gobernante y sus instituciones, y su seguridad la garantizan las fuerzas de seguridad y los agentes de paisano.
De la calle a la doctrina militar
El belicismo no es solo un lema de las concentraciones. El miércoles 21 de octubre de 2026, la Guardia Revolucionaria (CGRI) anunció que la doctrina defensiva de la República Islámica había dado paso al ataque. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, amenazó en octubre con que, si se reanudaba la guerra, los cables submarinos, los centros de datos y las instalaciones de inteligencia artificial de los países del golfo Pérsico serían atacados. Al mismo tiempo, según tres altos cargos, Teherán ha alargado deliberadamente las negociaciones con Estados Unidos.
Así, la decisión de buscar la confrontación militar es una decisión institucional, tomada en la cúpula del régimen, escenificada en la calle y pagada con la vida y el sustento del pueblo iraní.
Un doble rasero
Los mismos activistas y medios que hasta ayer, con entrevistas, artículos y tuits, acusaban a los monárquicos de invitar a extranjeros a hacer la guerra, hoy no dedican ni un breve titular a la insistencia de las facciones del propio régimen en la guerra. Si su preocupación real fueran la vida de los iraníes y la integridad de Irán, las amenazas de atacar las infraestructuras de los países vecinos y la preparación de la calle para la guerra deberían haber sido el primer objeto de su crítica.
Entre estas voces hay también quienes en su día apoyaron al príncipe Reza Pahlavi, pero cuyas posiciones hoy no se distinguen del relato de la República Islámica y de la Organización de los Muyahidines del Pueblo (MEK), y que elogian a la Guardia Revolucionaria, la fuerza que masacró a los manifestantes durante el levantamiento de Dey. La historia de Irán ha demostrado muchas veces que estos giros se producen en los momentos decisivos.
Qué significa este silencio para la revolución nacional
Según la valoración de los analistas de DIAR, la oposición selectiva a la guerra es una herramienta política: allí donde la responsabilidad recae en la República Islámica, hay silencio, y allí donde se puede desacreditar a la oposición, hay gritos. El pueblo de Irán, que paga a la vez el precio de la guerra, del bloqueo y de la represión, ve esa diferencia.
La causa principal de la guerra y de la inseguridad es un régimen que ha atado su supervivencia a la fabricación de crisis. Para DIAR, el fin de este ciclo pasa por la transición hacia un Irán libre y democrático, por el que trabajan el príncipe Reza Pahlavi y la revolución nacional de Irán.
La oposición selectiva a la guerra, que enmudece ante el belicismo de la República Islámica, no es oposición a la guerra; es oposición a la revolución nacional.

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